Año tras año, a pesar de los cuestionables resultados, la Comunidad de Madrid con el respaldo del Ayuntamiento alcalaíno, sigue dilapidando buena parte del dinero público en plantaciones deficientes, inadecuadas, que en un notable porcentaje se pierden, o sirven para poco más que introducir especies ajenas al ecosistema complutense; algo prohibido por la vigente Ley 2/1991, de 14 de febrero, para la Protección y Regulación de la Fauna y Flora Silvestres en la Comunidad de Madrid, que considera infracción grave 'la introducción en el medio natural de especies no autóctonas'.
Pese a bonitos anuncios hechos a bombo y platillo que hablan de cuantiosas inversiones, de la plantación de numerosas especies vegetales, de miles de árboles y arbustos que en teoría servirían para recuperar los degradados cerros, la realidad cuantificable es bien distinta. A través de los años, bajo diferentes colores políticos, se siguen introduciendo en los cerros especies ajenas al ecosistema, poco viables en numerosas ocasiones, que arrojan elevadas pérdidas y una alteración importante del hábitat. Pese a existir una enorme variedad de especies autóctonas, adecuadas, pocas veces se toman en consideración para reforestar con ellas. Permanecen en el cuasi olvido, solo desempolvadas de manera testimonial.
Entre otras actuaciones, hace un par de años se plantaron en el Barranco de la Zarza unos tres centenares de árboles entre olmos siberianos, álamos blancos y chopos negros; especies inadecuadas, con requerimientos hídricos inexistentes en el lugar. El resultado era previsible: tan solo sirvieron para engrosar las cifras publicadas de plantaciones, pues más del 95% de los árboles se secaron. En estos días y en el mismo barranco, tras arrancar y retirar de la vista los ejemplares secos, se siguen introduciendo especies novedosas, alóctonas, como la retama de olor (Spartium junceum), madroño (Arbutus unedo) e incluso alguna variedad de cerezo (posib. Prunus avium). Al mismo tiempo, se siguen plantando almendros (Prunus dulcis) en una proporción poco natural, así como tarayes (Tamarix gallica) que, si bien es la única especie realmente autóctona de las citadas, se planta en ejemplares procedentes de vivero, anormalmente desarrollados, estilizados y de cuestionable viabilidad. Plantaciones que evidencian más el intento de recrear un vistoso y posiblemente efímero jardín frutal, que la recuperación seria y científica de unos cerros degradados y vulnerables.
Como si el destrozo efectuado no fuera suficiente, las plantaciones se llevan a cabo utilizando maquinaria pesada, lo que compacta el suelo, lo degrada, y destruye al mismo tiempo la vegetación preexistente (retamas de bola, aulagas, sisallos, esparto...), tan necesaria para la regeneración natural de la capa vegetal. Las inmensas rodadas y remoción de tierra son cicatrices visibles.
Estas plantaciones se suman a los desatinos que se vienen observando en los cerros durante los últimos años: introducción de diferentes variedades de jaras, lentisco, cornicabra, cantueso, morera, arce campestre, sauce, árbol del paraíso, más madroños, labiérnago... e incluso pino piñonero. Especies cuya área de distribución natural no pasa por los cerros de Alcalá y que podrían llegar a ser perjudiciales (presencia de material genético ajeno al territorio, fenómenos de competencia con las plantas autóctonas, creación de un paisaje vegetal artificial, etc.) Lo que se consigue es que, con un vistazo somero, el visitante crea que se está recuperando la vegetación de los cerros, que se está revertiendo la degradación secular, cuando la realidad es bien distinta. Buena parte de esas extrañas introducciones no prospera y termina secándose; sólo quedan los protectores plásticos. Acaba siendo una panoplia de cifras usadas con fines propagandísticos. De bien poco sirve anunciar que se han plantado 300.000 árboles y arbustos si una buena cantidad de ellos no pasa del año de vida.
Querer regenerar un ecosistema natural es más complejo que trazar vistosos planes sobre un papel. Podemos compararlo a un puzle donde cada pieza ha de encajar con las demás. Si se fuerzan las piezas del puzle, el resultado podrá engañar a la vista. Pero si profundizamos sobre el terreno, comprobamos que con estas actuaciones deficientes se puede causar más daño que bien. En el medio natural, las diferentes formas de vida presentes interactúan y se necesitan mutuamente. Si desaparece un modesto arbusto como el espantalobos (Colutea hispanica), con él desaparece Iolana iolas, mariposa en peligro de extinción, protegida por la Comunidad de Madrid. Una 'simple mariposa' que también es necesaria. Esta es solo una de las casi infinitas interrelaciones que supone un 'sencillo' ecosistema.
Por el contrario, gracias a la introducción de pinos carrascos, ajenos a este ambiente alcalaíno, se ha introducido con ellos la dañina plaga de la oruga procesionaria (Thaumetopoea pityocampa), con todos los perjuicios, daños y peligros; al medio y a la salud humana.
La gestión responsable de los cerros no pasa por convertirlos en un jardín exótico lleno de especies vistosas y efímeras; tampoco en introducir retales de vivero, que en muchos casos son de pobres resultados. Con eso solo se consiguen pérdidas económicas que pagamos todos los contribuyentes de nuestros bolsillos. Y más degradación del entorno natural. Entre lo 'positivo', solo podemos señalar esto: que las fotos de inauguración y las cifras abultadas de plantaciones efímeras quedan muy bien de cara a la galería.
Desde Ecologistas en Acción, como ciudadanos complutenses, reclamamos se haga lo que no ha hecho ninguno de los sucesivos gobiernos municipales ni autonómicos en los Cerros y la Alcarria Complutense: una gestión seria, proyectada, dirigida y supervisada por verdaderos profesionales con conocimiento y responsabilidad. Proyectos que no estén condicionados por legislaturas políticas, sino por una visión de futuro, a medio y largo plazo. Aprovechar la cercanía de la Universidad de Alcalá, de los diferentes estudiosos y profesionales disponibles, capacitados, que posibilitarían invertir adecuadamente los fondos públicos y obtener resultados. ¿Por qué dar palos de ciego si tenemos los medios a nuestro alcance? A los actuales gobernantes y a los que vengan, les exigimos seriedad y coherencia. Que no jueguen con el Patrimonio Natural, con lo que es de todos.