Esta semana, 175 años
después, la Comunidad ha autorizado la extracción de la caja, que se había
detectado con motivo de las obras municipales en la Plaza de las Cortes y el 17
de diciembre se procedió a su apertura en el Museo Arqueológico
Regional.
El vicepresidente regional, consejero de Cultura y Deporte y portavoz del
Gobierno, Ignacio González, ha comprobado en el museo el contenido de la
cápsula, un cofre de plomo herméticamente sellado y que guardaba objetos
relacionados con el homenaje a Cervantes y el contexto histórico en que fue
erigida la estatua.
Inventario
Tras realizar un primer análisis del contenido, los arqueólogos han
identificado un Diario de Aviso de Madrid de 1834, que envuelve un libro
calendario manual y guías de forasteros para el año 1834 (Imprenta Real), cuatro
tomos de El Quijote de 1819 (Edición de la Imprenta Real y de la Real
Academia) y un ejemplar del Estatuto Real para las Cortes del Reino.
El resto del legado está compuesto por un libro sobre la vida del General
Mina, un manuscrito envuelto en papel de trapo, un libro sobre la vida de
Cervantes, ocho pequeños paquetes envueltos en papel, dos libros envueltos y
lacrados y un papel enrollado con textura de trapo que envuelve seis láminas de
1831 con diversos retratos, entre ellos de Isabel II niña y de don Manuel
Martínez Varela, que fue el mecenas que costeó el monumento, además de
ejemplares del periódico La Gaceta de Madrid.
Completo
sistema de conservación
Los restauradores del Laboratorio del MAR, tras separar la tapa de la caja
exterior de plomo, comprobaron que contenía en su interior otra caja
minuciosamente encajada de vidrio en un óptimo estado de conservación y que se
abría mediante un sistema de bisagra en el lateral.
La primera comprobación al abrir la urna fue que los contenidos de la caja,
en su mayoría de papel, habían sido impregnados originalmente con un químico
tóxico en prevención del posible desarrollo de insectos y microorganismos.
Este producto aún impregna los contenidos de la cápsula, dotándolos de cierta
humedad, despidiendo un fuerte olor e implicando riesgo de toxicidad si fueran
objeto de exposición pública. Sin embargo, tanto la cuidada estructura formada
por las cajas de plomo y vidrio, como la utilización de este químico, han
favorecido que los contenidos de la cápsula se presenten en un excelente estado
de conservación.
La escultura de Cervantes en la que se ha encontrado la cápsula fue la
primera dedicada a un personaje civil que se instaló en la capital y se encargo
al escultor neoclásico Antonio Solá. Otros ejemplos de cápsulas del tiempo
encontradas en Madrid han sido la fundacional del Congreso de los Diputados -con
paleta de plata, constitución y monedas-, la fundacional del Asilo de Lavanderas
en Príncipe Pío y la fundacional de la apertura de la Gran Vía.